Primera jornada de gastro-senderismo

MONASTERIO SANTO ESPÍRITU-MONTE PICAYO

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Creo que todos hemos quedado contentos, con el día que ha salido, con la escasa dificultad de la excursión (excepto alguna bajada) y con la buena comida con que nos hemos premiado. Adjuntamos el mapa del recorrido realizado. Han sido 13 km, con un desnivel acumulado de unos 430 m. Esperamos que los que han fallado se “piquen” y se apunten a la próxima.Lo hemos pasado muy bien

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Ascensión al Pico Espadán (1099 m)

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Las noticias sobre el infernal temporal que predecían en la tele no se cumplieron y aunque tuvimos nuestras dudas hasta el sábado, decidimos finalmente no cambiar nuestros planes, acertando de pleno. El día era fresco, pero no hacía viento y no amenazaba lluvia. De todas formas, algunos se desanimaron y se quedaron calentitos en casa.16-Alto la Pastora
A la hora prevista salimos de la puerta de la Parro siete senderistas repartidos en dos coches, llegando al lugar de inicio de la excursión, junto al área de recreo de la Fuente de la Calzada, en el término de Algimia de Almonacid, sobre las 9,30h. Nos pertrechamos con nuestras mochilas y comenzamos ascendiendo por el barranco de Agua Negra, por el que corría algún caudal, rodeados de una frondosa vegetación y flanqueado por altivos riscos. Un poco más arriba el barranco ya iba seco, siendo esto una lástima, pues debe de ser precioso ver cómo el agua salva pequeños saltos y forma algunas fosas, que se intuyen en las formaciones del lecho, pero la pertinaz sequía parece no llegar a su fin, incluso con las peores predicciones climatológicas.
En lo alto del barranco se sale a una pista forestal que pronto llega a la fuente de La Parra, donde almorzamos y disfrutamos de los dulces de Sacri y una especialidad colombiana a base de dulce de leche y café que llevó Ángel.
Reanudada la marcha, sin dejar la pista que iba ascendiendo en llevadera pendiente, llegamos al collado de Aín y poco más adelante la pista se convierte en escarpado sendero terminando en una leve trepada hasta la misma cumbre del pico Espadán, de 1.099 m. El esfuerzo valió la pena. ¡Qué extraordinarias vistas! El viento del día anterior había dejado el horizonte muy limpio y pudimos distinguir todas las montañas que nos rodeaban, además de toda la línea de costa del golfo de Valencia, desde el Desierto de las Palmas y su pico Bartolo por el norte, hasta el Montgó de Denia por el sur: Benicasim, el Grao de Castellón, Burriana, el Puerto de Sagunto, Puebla de Farnals, el puerto de Valencia, la Albufera, Cullera… Y si seguimos rodando, el Monduber, Aitana, Moncabrer, el Caroig, la Sierra Calderona, Alcublas, El Toro, Javalambre, Gudar, el monte Pina… y más al norte el emblemático Peñagolosa y toda la sierra del Maestrazgo. A nuestro pies y alrededores toda la sierra de Espadán, Soneja, Segorbe, Altura, Algimia de Almonacid, Alcudia de Veo, Eslida… Onda, Alcora, los pantanos de Sitjar y Mª Cristina…
¿Qué más puedo describir?
A la bajada pudimos acceder también al alto de La Pastora, punto geodésico de 1.044 m. y después acometimos una preciosa bajada en picado hasta el collado de la Nevera, donde se conserva en muy buen estado, una bonita nevera de las que se usaban para almacenar nieve durante el invierno y sacar bloques de hielo durante el verano. Aquí se acabó nuestra excursión, habiendo totalizado un total de 9 km, con un desnivel de 580 m.
Completamos la jornada con un reconfortante comida en Casa Paquita de Eslida.
Manolo Fernández

 

Ascensión al Monduber

MONTDUBER01 MONTDUBER12 MONTDUBER30Este año hemos comenzado con renovados ímpetus y la intención de realizar, al menos, una excursión programada por mes. Para abrir boca, una vez liquidadas las sobras de turrón y dulces navideños, nos propusimos subir a la cima del Monduver.Quedamos como siempre en la puerta de la “Parro”, pero algo más tarde, para complacer la pereza de quienes siempre esperan la llegada del domingo para dormir un poco más. Todos fuimos bastante puntuales y a poco más de las 8,30h ya estábamos de viaje hacia Gandía y Barx.  El comienzo de la excursión era desde el Centro de Interpretación de la Cueva del Parapalló, pero acabamos en el pueblo y dejamos un coche allí para evitarnos retroceder andando un par de kilómetros largos para recogerlos.Sobre las 10h empezamos la caminata por una cómoda pista en ascensión, que abandonamos justo cuando giraba a la derecha en descenso. Ya estábamos cerca del collado de Rafela, junto a la peña Negra, al que se asciende por una senda más empinada. En el collado se abre una preciosa vista hacia el litoral entre las playas de Tavernes y Gandía, y con ese fondo, nos sentamos a almorzar, en un lugar soleado y resguardado del molesto aire frío que soplaba. Cada uno compartió alguna cosa, pero como siempre, la estrella fue a los postres, con el bizcocho de chocolate de Sacri. Reanudamos la marcha por una senda exigente y en continua subida, con algún puñetero escalón, que, aun tomándolo con calma, hizo mella en más de uno. Hasta Roco, el perro, pasó alguna dificultad. De todas formas, era obligado hacer de vez en cuando un descanso, para admirar el bonito paisaje, que a medida que tomábamos altura se iba descubriendo, con una vista integral de todo el golfo de Valencia.
Alcanzados los 827m de altitud de la cima del Monduver, plagada de antenas y tras localizar algunos hitos geográficos de la amplia vista, iniciamos el descenso por la pista hormigonada que facilita el acceso a los vehículos de mantenimiento de las instalaciones, hasta el collado de Les Bigues, por donde la pista toma la ladera sur, para descender hasta la carretera de La Drova. Nosotros teníamos que continuar más o menos cresteando, pero aquellos que habían sufrido más en la subida, decidieron bajar por la pista, acortando así el recorrido. Eran ya las 13h y quedaba más de la mitad del recorrido.
La ruta estaba bien marcada pero la pintura un poco descolorida, aun así, no había mayor problema en seguirla, ayudados de algunos postes indicadores y del GPS. El piso era bastante pedregoso, con roca lapiaz cortante, debido a la erosión, pero las vistas eran preciosas, a uno y otro lado de la montaña, disfrutando largo rato de ellas, por circular casi siempre por la propia cresta.
Más adelante nos asomamos por el Forat de La Drova, una ventana colgada del precipicio, con bonitas vistas. Luego tuvimos la oportunidad de subir al pico Penyalba (772m), pero lo avanzado de la hora nos aconsejó no hacerlo, rodeándolo por la ladera norte, aun así, pasamos por las cimas de El Puntal de la Font Nova y de Les Aligues, ambas de menor entidad. Cuando nos asomamos al valle de Barx, se iniciaba el vertiginoso descenso final, pasando en las primeras revueltas por la Cueva de la Galera, que es un gran abrigo, que no parece tener mucha profundidad.
Ya en la parte más baja, la senda se dulcifica y finalmente desemboca en la carretera a pocos metros de Barx, dirigiéndonos sin dudar al restaurante donde nos esperaban hambrientos los que acortaron la etapa. Terminamos sobre las 15,30h y dimos buena cuenta de la comida y sobre todo, de la bebida.
Un día excelente, en un principio algo fresco por el viento, pero al final casi veraniego con temperaturas rondando los 20º en pleno invierno. Los expedicionarios quedaron encantados, aunque con agujetas, pero con ganas de volver a salir.
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Senderismo al Nacimiento del río Palancia

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Ayer disfrutamos de un excelente día de senderismo por la cabecera del río Palancia en Bejís, primero paseando junto al río entre cascadas, saltos de agua y pozas que invitaban al baño, en medio de una bonita arboleda adornada de los colores del otoño donde disfrutando del almuerzo y después accediendo desde el barranco que da origen al río, pasando por un estrechísimo desfiladero, hasta llegar al propio nacimiento del Palancia.
Habíamos quedado en la puerta de la Parroquia a las 8h de la mañana 11 personas, pero a última hora nos fallaron 3 y nos fuimos hacia Bejís, repartidos en dos coches. Más tarde acudió otro coche con dos niñas de corta edad, que, aunque no hicieron todo el recorrido, también disfrutaron del día. Iniciamos la marcha sobre las 9,45h, desde la Fuente de los Cloticos, bajando hasta la orilla del río, donde hay una preciosa cascada y lugar para el baño, pero aunque la claridad de las aguas invitaba a ello, la temperatura ambiente era de unos 17º, así que, tras las pertinentes fotos, seguimos paseando aguas abajo, hasta un lugar donde cruzamos el río, para lo cual nos cambiamos las botas por las chanclas que llevábamos. El agua estaba a una temperatura ideal para el caso y fue un verdadero placer. Al otro lado había una mesa de piedra con bancos, bajo un nogal y allí disfrutamos del bocata del almuerzo y de alguna que otra nuez. Reanudamos el camino, ahora río arriba, hacia el poblado de El Molinar, pasando por el nacimiento de La Mina, detrás del camping los Cloticos, donde pasaban unos días un grupo de chavales que estaban más adelante practicando la tirolina.
El Molinar es un pequeño caserío que han rehabilitado, donde te puedes hospedar, ideal para grupos. Desde allí nos metimos en harina, acometiendo una senda de pendiente media, pero que de vez en cuando dejaba de ser tan “media”, con el consiguiente resoplar de más de uno, pero que tenía el premio final de un mirador sobre la garganta del río, que valía la pena. Desde allí se iniciaba un corto pero vertiginoso descenso hasta el barranco que da origen al río, del cual solo recorrimos los últimos 500m, de los más de 3.000 que tiene. El recorrido por el barranco (por supuesto, sin agua) era precioso, entre rocas horadadas por las corrientes, árboles de múltiples colores otoñales y vertiginosas paredes a un lado y otro. Cada vez se estrechaba más hasta llegar a un punto en que se convierte en un estrecho desfiladero entre 1m y 2m de ancho y altísimas paredes, con alguna poza (menos de las que serían deseables, por la escasez de lluvias), que había que ir sorteando y evitando deslizarse por las resbalosas rocas. Cuando el desfiladero se ensancha de nuevo, ya encontramos el nacimiento del río, que fuimos acompañando hasta llegar a la pista forestal que en unos 3 km, nos dejó en el punto de partida. A mitad de la pista nos estaban esperando los que llegaron en el tercer coche con las niñas y que nos habían traído la comida, de la que disfrutamos al aire libre en el acogedor área de recreo de la Fuente de los Cloticos.

El Evangelio inacabado, o…la encíclica como apéndice de la Biblia

Las intervenciones del Papa Francisco traen a la primera plana temas de gran profundidad, la protección de la Naturaleza ( la Casa Común ), por ejemplo.

Buscando en las Escrituras referencias a ese cuidado de la Tierra, no las encontramos con facilidad en el Evangelio. ¿Sorprendente? Seguramente, no. ¿Era un problema candente hace 20 siglos, en un mundo de pastores, agricultores, pescadores,…? ¿Qué cara hubieran puesto los discípulos cuando Jesús hubiera hablado de emisiones tóxicas, de energías renovables, o hubiera narrado una supuesta “parábola del especulador inmobiliario”?

¿Y en el Antiguo Testamento? Pues hay un texto bien conocido que ha podido llevar a interpretaciones erróneas, en relación con el mandato de “dominar” la tierra y de “labrarla y cuidarla”, pero no de “explotarla” :

“…Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra. Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles: Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra. Y añadió: Les entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembradas; y todos los árboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento…. Y así fue. Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno” (Gen 1, 26-31).

La doctrina de la Iglesia ha venido aclarando que 1) para la tradición judeocristiana, “creación” es más que naturaleza y, según esta perspectiva, la creación tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado; 2) para el pensamiento bíblico, la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra y la ruptura de esos vínculos fundamentales, no solo externamente, sino también dentro de nosotros, es el pecado; 3) la teología de la creación nos recuerda que no somos Dios y que la tierra nos precede y nos ha sido dada.

No obstante, el mensaje de la Iglesia nunca ha sido tan claro como, recientemente, en este s.XXI, cuando el Papa Francisco ha levantado su voz ante todo el mundo, cristianos o no, dirigentes y ciudadanos, en homilías y discursos, tal como en el reciente viaje a Cuba y EEUU, o con la publicación de la encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la Casa Común. El texto consta de seis capítulos: (1) “Lo que está pasando a nuestra casa”; (2) “El Evangelio de la creación”; (3) “Raíz humana de la crisis ecológica”; (4) “Una ecología integral”; (5) “Algunas líneas de orientación y acción”; y (6) “Educación y espiritualidad ecológica”.

El hilo conductor que atraviesa toda la encíclica es saber responder al desafío urgente de proteger nuestra casa común. Eso incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral.

 Siete son los aspectos señalados por el Papa: problemas que hoy provocan inquietud y que ya no se pueden mantener ocultos

  • Contaminación y cambio climático
  • La cuestión del agua
  • Pérdida de biodiversidad
  • Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
  • Inequidad planetaria, porque el ser humano y la naturaleza se degradan juntos
  • La debilidad de la reacción política internacional
  • La diversidad de opiniones, falta de acuerdo.

Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, dice Francisco, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje. Explica que, si el solo hecho de ser humanos mueve a las personas a cuidar el ambiente del cual forman parte, “los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe”. De ahí que a este momento de interpretación, interpelación y compromiso ético se le denomina “Evangelio de la creación”.

Es por eso que titulábamos esta reflexión como El Evangelio inacabado, refiriéndonos a los textos que constituyen la Biblia “tradicional”. El complejo mundo actual plantea problemas al Hombre para los que no parece que la Biblia haya llegado a tiempo de dar respuesta. Necesitamos que surjan profetas, inspirados por Dios, que continúen escribiendo nuevos capítulos. Parece que el Papa Francisco está en ello. Gracias, Señor.