Una buena persona

Eso nos dijo, el pasado Domingo 11 de Marzo, con toda su humildad, que sólo aspiraba a ser “una buena persona”.

Creo que es la frase que resume la celebración de acción de gracias por los 50 años de sacerdocio del P. Francisco Javier Elcano, MSSCC, ¡Nuestro padre Javier!

Ya lleva casi 17 años con nosotros, que para un Misionero no está nada mal. De hecho, aquí se ha jubilado…¿de qué?.

Siempre al pié del cañón: Primero como Párroco Javier, luego como Vicario-paciente de Emilio-párroco-viajero, de Antonio-párroco-administrador-viajero y, actualmente, de Dominique-párroco-secretario-viajero. Y, en sus ratos de ocio, usuario aventajado de herramientas informáticas y de edición de imágenes. Y lo que el destino y la Congregación dispongan.

Navarro imperturbable, siempre sonriente, en la salud y en la enfermedad, seguidor sufriente del Club Atlético Osasuna, en primera o en segunda – ¡qué más da! – convencido que no debemos esperar a la otra vida para alcanzar un trocito de felicidad. Por eso nos despide, al final de cada misa con un amable “que seáis muy felices…”

Habría que preguntarse ¿Qué pasaría por su mente de niño, cuando quería imitar a su patrón S. Francisco Javier? ¿Podía imaginar lo que significa ser Misionero?

De sus 16 años en la Patagonia trajo el olor a oveja que predica el Papa Francisco. No le queda ninguna duda de en qué lado debemos trabajar los cristianos. Su vocación social y misionera queda patente en su intenso apoyo a la Caritas parroquial, su acogida a los desahuciados que se asoman a la Parroquia, su mano extendida hacia enfermos y ancianos,…

Los que gozamos con su presencia en las reuniones de grupos sabemos bien de su claridad para poner en contexto los pasajes bíblicos y para ayudar a disipar las dudas que, necesariamente, nos abruman.

Y es reconfortante sentirse abrazado por esta “buena persona” al despedirnos, cada Domingo, a la puerta de la iglesia.

Javier, Misionero, amigo, buena persona, – en nombre de toda la familia – ¡Felicidades y muchos años!

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Bodas de Oro Sacerdotales del P.Fco Javier Elcano

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Él quería pasar desapercibido, pero la noticia corrió como la pólvora.

El Sábado 11 de Marzo, a la hora de la misa vespertina, la iglesia parroquial se llenó de Comunidad. Veníamos todos a unirnos, junto con los otros Misioneros de la Congregación residentes en Valencia, en una misa de acción de gracias por los 50 años de sacerdocio del P. Francisco Javier Elcano, MSSCC, ¡Nuestro querido Padre Javier!

La celebración fue sencilla, austera, como corresponde a un navarro de pro. Sus palabras emocionadas y emocionantes. Más allá de la homilía, en la que nos acompañó a monte Tabor, instándonos a no quedar deslumbrados por los figurantes que rodean a Jesús, también nos confesó que sólo aspiraba a ser “una buena persona” (casi nada), aunque ya de pequeño pensaba en ser misionero, como su paisano San Francisco Javier.

Hubo cálidos y prolongados aplausos, en varios momentos de la celebración. Al final se le ofreció, como recuerdo, por parte de la Comunidad Parroquial, un retablo plateado con un relieve de la Virgen María.

Terminamos con las fotos de rigor, no sin antes haber brindado, en el pasillo de la parroquia, con unas copas de cava que algún previsor parroquiano había puesto a refrescar.

Puesto que este destino ha sido el más largo de su peregrinaje misionero, y no parece que el clima de Valencia le siente mal,  todos deseamos tener al P. Javier muchos años más con nosotros.

E. V., Parroquia San Pedro Pascual de Valencia

La sorpresa de Pilar Rahola

Todos conocemos – o creíamos conocer  – a Pilar Rahola, personaje público de dilatada trayectoria en política y periodismo, de tendencia netamente independentista catalana, que se atribuye una ideología de izquierdas y abiertamente pro-abortista y que suele exhibir un carácter un tanto polémico en sus apariciones públicas.

Cuando hemos sabido que el director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP) y, por tanto, responsable de la campaña del Domund 2016, Anastasio Gil, había elegido a Pilar Rahola para pronunciar el pregón de este año, muchos hemos quedado perplejos.

El lema elegido para este Domund 2016 era “Sal de tu tierra” y, ciertamente, la Iglesia ha dado ejemplo de ese espíritu, yendo a buscar a una persona que se declara atea, pero cuyo mensaje rotundo podría ser escuchado y atendido por gran parte de la población no creyente. Así parece que lo entendieron los que llenaban el templo de la Sagrada Familia en Barcelona y así lo podemos entender nosotros, no sin sorpresa, al leer el texto del pregón.

Por razones de espacio no podemos reproducir aquí el texto completo (se puede encontrar fácilmente en internet a través de este mismo blog), pero entresacamos algunas frases significativas, pronunciadas por Pilar Rahola, sin ningún riesgo de sacarlas de contexto, porque todo el pregón está impregnado del mismo espíritu.

Decía literalmente (el subrayado es mío)

“…estoy aquí porque he recibido el inmerecido honor de ser la pregonera de un grandioso acto de amor que, en nombre de Dios, nos permite creer en el ser humano.

No soy creyente,…Pero tengo que ser sincera, porque, aunque me conmueve la espiritualidad que percibo en un lugar santo como este y admiro profundamente la elevada trascendencia que late el corazón de los creyentes, Dios me resulta un concepto huidizo y esquivo. Sin embargo, esta dificultad para entender la divinidad no me impide ver a Dios en cada acto solidario, en cada gesto de entrega y estima al prójimo que realizan tantos creyentes, precisamente porque creen. ¡Qué idea luminosa, qué ideal tan elevado sacude la vida de miles de personas que un día deciden salir de su casa, cruzar fronteras y horizontes, y aterrizar en los lugares más abandonados del mundo, en aquellos agujeros negros del planeta que no salen ni en los mapas! ¡Qué revuelta interior tienen que vivir, qué grandeza de alma deben de tener, mujeres y hombres de fe, qué amor a Dios que los lleva a entregar la vida al servicio de la humanidad! No imagino ninguna revolución más pacífica ni ningún hito más grandioso.

 Vivimos tiempos convulsos, que nos han dejado dañados en las creencias, huérfanos de ideologías y perdidos en laberintos de dudas y miedos. Somos una humanidad frágil y asustada que camina en la niebla, casi siempre sin brújula. En este momento de desconcierto, amenazados por ideologías totalitarias y afanes desaforados de consumo y por el vaciado de valores, el comportamiento de estos creyentes, que entienden a Dios como una inspiración de amor y de entrega, es un faro de luz, ciertamente, en la tiniebla.

…Hablo de ellos, de los misioneros, y esta palabra tan antigua como la propia fe cristiana… ha sido ensuciada muchas veces, arrastrada por el fango del desprecio. Es cierto que los misioneros tienen un doble deseo, una doble misión: son portadores de la palabra cristiana y, a la vez, servidores de las necesidades humanas. Es decir, ayudan y evangelizan, y pongo el acento en este último verbo, porque es el que ha sufrido los ataques más furibundos, sobre todo por parte de las ideologías que se sienten incómodas con la solidaridad, cuando se hace en nombre de Cristo…

 … hay que poner en valor la entrega de miles y miles de cristianos que, a lo largo de los siglos, han hecho un trabajo de evangelización, convencidos de que difundir los valores fraternales, la humildad, la entrega, la paz, el diálogo, difundir, pues, los valores del mensaje de Jesús, era bueno para la humanidad. Si es pertinente hacer proselitismo político, cuando quien lo hace cree que defiende una ideología que mejorará el mundo, ¿por qué no ha de ser pertinente llevar la palabra de un Dios luminoso y bondadoso, que también aspira a mejorar el mundo? ¿Por qué, me pregunto —y es una pregunta retórica—, hacer propaganda ideológica es correcto, y evangelizar no lo es? Es decir, ¿por qué ir a ayudar al prójimo es correcto cuando se hace en nombre de un ideal terrenal, y no lo es cuando se hace en nombre de un ideal espiritual?

 …Quiero decir, pues, desde mi condición de no creyente: la misión de evangelizar es, también, una misión de servicio al ser humano, sea cual sea su condición, identidad, cultura, idioma…, porque los valores cristianos son valores universales que entroncan directamente con los derechos humanos. Por supuesto, me refiero a la palabra de Dios como fuente de bondad y de paz, y no al uso de Dios como idea de poder y de imposición. Pero, con esta salvedad pertinente, el mensaje cristiano, especialmente en un tiempo de falta de valores sólidos y trascendentes, es una poderosa herramienta, transgresora y revolucionaria; la revolución del que no quiere matar a nadie, sino salvar a todos.

 Permítanme que lo explicite de una manera gráfica: si la humanidad se redujera a una isla con un centenar de personas, sin ningún libro, ni ninguna escuela, ni ningún conocimiento, pero se hubiera salvado el texto de los Diez Mandamientos, podríamos volver a levantar la civilización moderna. Todo está allí: amarás al prójimo como a ti mismo, no robarás, no matarás, no hablarás en falso…, si me disculpan la broma, solo sería necesario que los políticos aplicaran las leyes del catecismo para que no hubiera corrupción ni falsedad ni falta de escrúpulos. El catecismo, sin duda, es el programa político más sólido y fiable que podamos imaginar.

Y de la idea menospreciada, criticada y tan a menudo rechazada de la evangelización, a otro concepto igualmente demonizado: el concepto de la caridad. ¿Cuántas personas de bien que se sienten implicadas en la idea progresista de la solidaridad, y alaban las bondades indiscutibles que la motivan, no soportan, en cambio, el concepto de la caridad cristiana? Y uso el término con todas sus letras: caridad cristiana,…esta idea, que personalmente encuentro luminosa, pero que otros consideran paternalista e incluso prepotente, ha sido el sentimiento que ha motivado a millones de cristianos, a lo largo de los siglos, a servir a los demás. Y cuando hablamos de los demás, hablamos de servir a los desarraigados, a los olvidados, a los perdidos, a los marginados, a los enfermos, a los invisibles. ¡Quiénes somos nosotros, gente acomodada en nuestra feliz ética laica, para poner en cuestión la moral religiosa, que tanto bien ha hecho a la humanidad! La caridad cristiana ha sido el sentimiento pionero que ha sacudido la conciencia de muchos creyentes, decididos a entregar la vida propia para mejorar la vida de todos.

…misioneros victimas,…todos ellos, caídos en el servicio a la humanidad, motivados por su fe religiosa y por la bondad de su alma. Isabel, Manuel, Miguel son la metáfora de lo que significa el ideal del misionero: el de amar sin condiciones, ni concesiones. Si Dios es el responsable de tal entrega completa, de tal sentimiento poderoso que atraviesa montañas, identidades, idiomas, culturas, religiones y fronteras, para aterrizar en el corazón mismo del ser humano, si Dios motiva tal viaje extraordinario, cómo no querer que esté cerca de nosotros, incluso cerca de aquellos que no conocemos el idioma para hablarle.

 No encuentro palabras más intensas para describir la fuerza grandiosa del amor. He dicho al inicio de este pregón que no soy creyente en Dios, y esta afirmación es tan sincera como, seguramente, triste. ¡Estamos tan solos ante la muerte los que no tenemos a Dios por compañía! Pero soy una creyente ferviente de todos estos hombres y mujeres que, gracias a Dios, nos dan intensas lecciones de vida, apóstoles infatigables de la creencia en la humanidad. El papa Francisco ha pedido, en su Mensaje para este DOMUND, que los cristianos «salgan» de su tierra y lleven su mensaje de entrega,… porque los motiva el sentido de servicio y la fe trascendente. Es un viaje hacia el centro de la humanidad. Esta llamada nos interpela a todos: a los creyentes, a los agnósticos, a los ateos, a los que sienten y a los que dudan, a los que creen y a los que niegan, o no saben, o querrían y no pueden. Las misiones católicas son una ingente fuerza de vida, un inmenso ejército de soldados de la paz, que nos dan esperanza a la humanidad, cada vez que parece perdida.

Solo puedo decir: gracias por la entrega, gracias por la ayuda, gracias por el servicio; gracias, mil gracias, por creer en un Dios de luz, que nos ilumina a todos.”

La primera lección que recibimos es que no se puede juzgar a las personas por las etiquetas que llevan puestas. Hay que escucharles y entender su mensaje. Todos podemos tener una porción de verdad.

La segunda es admitir que una persona no creyente tenga más valentía para expresarse públicamente en estos términos que los que frecuentamos las parroquias para nuestra misa y nuestras reuniones.

Y, finalmente, que teniendo tan cerca a nuestros Misioneros, apenas somos capaces de descubrir ese espíritu de amor y entrega que señala Pilar Rahola, y de impregnarnos nosotros  mismos de ese espíritu.

Adios a nuestro párroco Antonio – Las lágrimas derramadas eran un 10% agua y un 90% cariño y fraternidad.

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Fotos de la Misa de despedida de P. Antonio con Caminando juntos (4) Fotos de la Misa de despedida de P. Antonio con Caminando juntos (17)Tras dos años de conducir pastoralmente esta comunidad parroquial de San Pedro Pascual, a nuestro párroco Antonio Fernández Cano no se le ha ocurrido otra cosa que decirnos “adiós”, o sea, que se va. El domingo 31 de Enero lo despidieron niños y familias en la misa de 11,30, misa en la que disfrutaba él y sonreían los niños y disfrutaban los adolescentes y jóvenes de “Caminando juntos”, con sus celebraciones, cantos, diapositivas, ocurrencias y movimientos cadenciosos al ritmo de la música. Las lágrimas derramadas eran un 10% agua y un 90% cariño y fraternidad. Luego, a las 12,30, sin tiempo para reponerse del todo, tocó el turno a los mayores. Más cantos, más lágrimas y pañuelos y un saco de corazones que peligraban romperse mientras se prodigaban los abrazos y achuchones, tantos que no cabían en la hermosa maleta que la comunidad parroquial le regaló para sus viajes. Pudimos disfrutar de un agradable vídeo dedicado a nuestro párroco Antonio, amenizado con dos canciones muy apropiadas para el momento. Le espera Mallorca, el santuario de Lluc, donde continuará ejerciendo de misionero mientras tratará de sustituir la deliciosa horchata valenciana por la ensaimada mallorquina y el “tumbet”. Que los Sagrados Corazones te ayuden en tu vida de entrega misionera.
JE

Bienvenida a Dominique

“Quiero ser mensajero de la bondad de Dios y ocuparme a alegrar la vida a cuantos me rodean”

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Como sabéis, hay un nuevo hermano en nuestra comunidad y pensamos que la mejor manera de conocerlo es reproducir las líneas que se han publicado en nuestro boletín.
“Mi nombre es Tuyisenge Dominique Savio, misionero de los Sagrados Corazones, nativo de Rwanda, un pequeño paraíso en el Corazón de África llamado ‘país de miles Colinas’. Desde su clima agradable a lo largo del año, sus innombrables ríos y lagos de agua dulce, sus bosques naturales y su fauna, hasta sus habitantes alegres y acogedores, todo ello hace de Rwanda un país maravilloso. A pesar de los graves problemas y tragedias que atraviesan nuestra historia somos un pueblo creyente que lucha con esperanza.
Acabo de incorporarme a la Comunidad de Valencia y estoy dispuesto a emprender esta nueva aventura junto con mis cinco hermanos de Comunidad (los PP. Francisco Javier Anaut, Francisco Javier Elcano, José Ramón Osaba, Juan Gea Pérez y Antonio Fernández Cano), los feligreses de la Parroquia San Pedro Pascual y con todo el personal del Colegio San Pedro Pascual. La hermandad es el mayor bien de los seres humanos. Primero quiero aportar mi persona a es-ta nueva misión, sumar en el mismo proyecto congregacional de ser “oasis” y “competente socorro” para los pueblos que servimos. Quiero traer mi granito de arena para la construcción de un mundo mejor. Tengo el objetivo de ser solidario en las luces y las sombras que todos gozamos y sufrimos. Ser prójimo y manifestar a los que trataré cada día que su vida me importa. Quiero ser mensajero de la bondad de Dios y ocuparme a alegrar la vida a cuantos me rodean; emprender junto con ellos el camino de la vida y resolver diariamente con ellos la tarea de vivir. Deseo poner todo lo que tengo en lo mínimo que hago.
Mi deseo es intentar vivir la vida de todos los días, tan ordinaria y tan común, desde el amor. Vivir apoyado en el Dios de Jesús de Nazaret que “hace salir su sol sobre los malos y buenos, y llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Quiero dejarme llevar por los latidos del corazón para derri-bar las falsas murallas que separan a la gente. Quiero vivir como un peregrino que tiene el Reino como meta. Ojala que nos ayudemos mutuamente a avanzar en este camino de la verdadera felicidad.
Cordialmente, Tuyisenge Dominique, msscc