El Evangelio inacabado, o…la encíclica como apéndice de la Biblia

Las intervenciones del Papa Francisco traen a la primera plana temas de gran profundidad, la protección de la Naturaleza ( la Casa Común ), por ejemplo.

Buscando en las Escrituras referencias a ese cuidado de la Tierra, no las encontramos con facilidad en el Evangelio. ¿Sorprendente? Seguramente, no. ¿Era un problema candente hace 20 siglos, en un mundo de pastores, agricultores, pescadores,…? ¿Qué cara hubieran puesto los discípulos cuando Jesús hubiera hablado de emisiones tóxicas, de energías renovables, o hubiera narrado una supuesta “parábola del especulador inmobiliario”?

¿Y en el Antiguo Testamento? Pues hay un texto bien conocido que ha podido llevar a interpretaciones erróneas, en relación con el mandato de “dominar” la tierra y de “labrarla y cuidarla”, pero no de “explotarla” :

“…Entonces dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, según nuestra semejanza, para que dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo, los ganados, las bestias salvajes y los reptiles de la tierra. Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y mujer los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles: Crezcan y multiplíquense; llenen la tierra y sométanla; dominen sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven por la tierra. Y añadió: Les entrego todas las plantas que existen sobre la tierra y tienen semilla para ser sembradas; y todos los árboles que producen frutos con su semilla les servirán de alimento…. Y así fue. Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno” (Gen 1, 26-31).

La doctrina de la Iglesia ha venido aclarando que 1) para la tradición judeocristiana, “creación” es más que naturaleza y, según esta perspectiva, la creación tiene que ver con un proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado; 2) para el pensamiento bíblico, la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra y la ruptura de esos vínculos fundamentales, no solo externamente, sino también dentro de nosotros, es el pecado; 3) la teología de la creación nos recuerda que no somos Dios y que la tierra nos precede y nos ha sido dada.

No obstante, el mensaje de la Iglesia nunca ha sido tan claro como, recientemente, en este s.XXI, cuando el Papa Francisco ha levantado su voz ante todo el mundo, cristianos o no, dirigentes y ciudadanos, en homilías y discursos, tal como en el reciente viaje a Cuba y EEUU, o con la publicación de la encíclica Laudato si, sobre el cuidado de la Casa Común. El texto consta de seis capítulos: (1) “Lo que está pasando a nuestra casa”; (2) “El Evangelio de la creación”; (3) “Raíz humana de la crisis ecológica”; (4) “Una ecología integral”; (5) “Algunas líneas de orientación y acción”; y (6) “Educación y espiritualidad ecológica”.

El hilo conductor que atraviesa toda la encíclica es saber responder al desafío urgente de proteger nuestra casa común. Eso incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral.

 Siete son los aspectos señalados por el Papa: problemas que hoy provocan inquietud y que ya no se pueden mantener ocultos

  • Contaminación y cambio climático
  • La cuestión del agua
  • Pérdida de biodiversidad
  • Deterioro de la calidad de la vida humana y degradación social
  • Inequidad planetaria, porque el ser humano y la naturaleza se degradan juntos
  • La debilidad de la reacción política internacional
  • La diversidad de opiniones, falta de acuerdo.

Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, dice Francisco, entonces ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa con su propio lenguaje. Explica que, si el solo hecho de ser humanos mueve a las personas a cuidar el ambiente del cual forman parte, “los cristianos, en particular, descubren que su cometido dentro de la creación, así como sus deberes con la naturaleza y el Creador, forman parte de su fe”. De ahí que a este momento de interpretación, interpelación y compromiso ético se le denomina “Evangelio de la creación”.

Es por eso que titulábamos esta reflexión como El Evangelio inacabado, refiriéndonos a los textos que constituyen la Biblia “tradicional”. El complejo mundo actual plantea problemas al Hombre para los que no parece que la Biblia haya llegado a tiempo de dar respuesta. Necesitamos que surjan profetas, inspirados por Dios, que continúen escribiendo nuevos capítulos. Parece que el Papa Francisco está en ello. Gracias, Señor.

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