Despedida a Pepe Lozano

spp-2015 Homenaje Pepe Lozano13Hoy Lunes éramos casi 50 personas en la misa de 9:30.
La ocasión lo merecía, así que todos los que nos habíamos enterado y pudimos hacerlo, acudimos a la Parroquia para dar un abrazo y un aplauso al bueno de Pepe Lozano.
spp-2015 Homenaje Pepe Lozano12Unas sentidas oraciones de los fieles y unos breves parlamentos fueron todo lo que hubo que añadir al rezo de laudes y posterior celebración eucarística. Para homenajear a un hombre bueno y sencillo no era necesario más. La placa que le entregaron le nombra Presidente Honorario del grupo de Caritas Parroquial.
Su respuesta ha sido ponerse a disposición de los compañeros para seguir ayudando, mientras las piernas le aguanten. Las flores se las lanzó su nieta, emocionada, mientras él la miraba encantado, con sonrisa de complicidad. ¡Qué suerte tener un hombre como Pepe Lozano en la familia! Y qué suerte la de nuestra Comunidad parroquial, de haber disfrutado tantos años de su generosa dedicación, siempre entregada a la ayuda de los más necesitados. Hombre cordial, pero de más obras que palabras.
Como hemos rezado todos, que el Dios de la Caridad nos ayude a seguir por los pasos que nos marcan estas buenas personas, y que sepamos prestar todo el apoyo necesario a los continuadores.
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Nuestro Adviento

Tiempo de Adviento por todas partes.

Tengo un nieto de 5 años inscrito en la categoría “benjamines” de un club de futbol. La última semana de Noviembre tenía que llevar al club un dibujo de motivo navideño. Yo le ayudé un poco, pero la composición fue totalmente suya: Un campo de futbol y, en un bando, Papá Noel en la portería y los tres renos en el terreno de juego; en el otro bando, los tres Reyes Magos, jugando Baltasar de portero. Así es como mi nieto y sus amigos perciben la proximidad de la Navidad, como una competición entre dos equipos portadores de regalos. ¡A ver quién gana!

Lo del “Thanksgiving day” es otra historia. Los norteamericanos, que son un pueblo de corta historia, se van construyendo sus tradiciones ancestrales, y las respetan religiosamente. No sólo las respetan sino que las van exportando a través del cine y la televisión. Primero fue el “halloween”, con sus bastante extravagantes rituales, que se ha introducido hasta el fondo de nuestros centros escolares y cadenas comerciales, casi eclipsando, en su víspera, la celebración de Todos los Santos. Y alrededor de la celebración de la Acción de Gracias por los dones recibidos, los americanos  han consolidado costumbres tan dispares como pedir a su Presidente que indulte un pavo, ante toda la televisión, compartir una copiosa cena en familia, a base de pavo asado, en torno a una mesa decorada con el cuerno de la abundancia, ver juntos un partido de futbol americano o presenciar una cabalgata de globos gigantes organizada por unos grandes almacenes con fines publicitarios. Y, a propósito de grandes almacenes, el puente festivo se redondea con el “black friday”, que es el pistoletazo de salida, en forma tumultuosa, de la campaña de ventas de Navidad. Y ya ha cruzado el Atlántico, ya está entre nosotros el “black friday”, con todas sus consecuencias. Pero no es fácil que se reimplante aquí la oración de acción de gracias  en familia antes de las comidas.

Cuatro semanas antes de Navidad todas las mentes y todos los afanes parecen concentrados en la actividad comercial que “nos va a salvar” la temporada. Nos hemos preparado durante mucho tiempo para vender, comprar, regalar, consumir,… eficazmente, al ritmo que nos marca la publicidad explícita o subliminal.

Hoy llovía bastante – ¡Por fin y gracias a Dios! – y, a través de la ventana, la  mirada ha tropezado con la turbadora escena de los emigrantes sin hogar que tienen montado su portal de belén de mantas y cartones en los jardines de una plaza de nuestro barrio. Sus cuatro semanas de Adviento, ¿qué esperanza les traen? ¿a dónde conduce su camino? ¿Seguirán siendo unos sin techo, extranjeros en un país que no entiende su idioma, envejeciendo hasta donde el alcohol se lo permita?

Aplastados entre dos realidades tan distantes, pero tan próximas, nos sentimos impotentes. ¿Cómo podemos preparar el camino del Señor y construir la ciudad de nuestro Dios, tal como dice la canción de Adviento?