Tras el encuentro de Taizé

P1210439 P1210502Tras las despedidas, las fotos, los emails, los whatsapp, ….. quedan los sentimientos y las vivencias que han supuesto en cada uno de nosotros el encuentro de Taizé en Valencia, en nuestra parroquia o en nuestros hogares para aquellos que acogimos a jóvenes peregrinos.
Está claro que el encuentro ha supuesto una dinamización a nivel diocesano. Ha supuesto que se creen lazos de unión entre los feligreses y los párrocos, que se conozca un nuevo estilo de oración, para muchos desconocido a pesar de los muchos años que la comunidad de Taizé lleva proclamando su apuesta por el ecumenismo entre los cristianos. Ha supuesto una vitalización de muchas historias de fe “aletargadas” por la rutina y la soledad. Ha supuesto una vivencia alegre y profunda para los ya comprometidos en las parroquias y para los no tan comprometidos. Y también ha supuesto una gran experiencia abrir los hogares de forma total y gratuita a desconocidos que, con tan sólo cuatro días de convivencia, los llevamos en nuestros corazones.
De todo lo vivido, me quedo con la vivencia de cómo una fe común es suficiente para que se produzca un encuentro abierto, de corazón, entre desconocidos. ¿Abriríamos nuestros hogares, lo más íntimo que tenemos, a completos desconocidos? ¿dormiríamos tranquilos sabiendo que en la habitación de al lado hay personas que hasta hace unas horas no conocíamos? ¿compartiríamos nuestra mesa, así, sin más …?
Todo esto me demuestra que cuando, en lugar de la fraternidad y el amor, anida el pecado en nuestros corazones surgen los miedos, la desconfianza, en definitiva el egoísmo y el rechazo al prójimo. Sin embargo he vivido cómo la fe en Jesús rompe barreras, crea lazos de hermandad y hace aflorar la apertura al prójimo. He sentido el espíritu de Pentecostés viendo cómo las personas nos entendemos a pesar de hablar idiomas distintos. He revivido las comunidades de los primeros apóstoles reunidos en torno a la oración. He recordado el milagro de la multiplicación de los panes y los peces donde cientos de seguidores de Jesús, venidos de lejos, exhaustos y hambrientos, compartían los escasos alimentos hasta acabar saciados,…. qué más puedo decir!!!
Gracias a la comunidad de San Pedro Pascual que, con su trabajo y ánimo, han hecho posible este encuentro en nuestra Parroquia; gracias por estar abierta a los peregrinos y por su total disponibilidad y doy gracias a Dios por el regalo que estas Navidades hemos podido vivir en nuestra ciudad y, sobre todo, en nuestros hogares.
Enrique Vela

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